21/2/14

A partir de seis años

EL PEZ DE ORO

Foto tomada en el Ateneo de Salamanca
y publicada por salamancartv.com
El pescador lanzó las redes al mar... ¡Y nada!

Volvió a arrojarlas y... ¡Un pez, un pez diminuto, apenas un bebé, se había quedado atrapado en su centro.

El marinero le devolvió la libertad y el pez, en agradecimiento, le concedió un deseo. A partir de aquí la vida de aquel hombre se complicó y se complicó, porque su esposa pidió una casa mejor; luego una mansión como la del alcalde y ser la alcaldesa; más tarde vivir en un castillo del que sería la reina; finalmente...

Si quieres saber qué ocurrirá al final, tendrás que venir a escuchar la historia.

Foto tomada en el Ateneo de Salamanca
y publicada por salamancartv.com

"El pez de oro" es una historia que nació en Valladolid, como por capricho, en 2012. En un cole estaban trabajando el agua y los cuentos populares. Me pidieron que inventase algo que aunase ambos temas y ahí se presentó, en mi cabeza, un benjamín de pez payaso.

En la Biblioteca Municipal del barrio de Vidal, de Salamanca.
Foto de Isabel Sánchez Fernández

Mi versión de "El pez de oro" es gamberra, divertida, loca.

Es provocadora e inquietante.

Es amena y variada. Y es tierna, muy tierna.

Es mágica e inagotable, como el jarrón que surte el mar.

Es mágica y vuela, como las pompas de jabón que se meten en el corazón.

Es mágica y húmeda, como el pez que nace de la nada y se marcha (de regreso)
al mundo de los cuentos, pues en un cuento nació y en un cuento vive.


Durante un campamento urbano en el colegio San Agustín, de Salamanca, en 2013.
Foto de Juan Carlos López Pinto.

EL GATO CON BOTAS



Todos los viernes, al salir del colegio, Fernandito va a casa de los abuelitos ¡y le encanta! Le encanta, porque dice que el abuelo se sabe una cantidad de historias...

El otro día, sin ir más lejos, el abuelo le contó "El gato con botas". Pero, como le daba algo de miedo, por eso de que en la historia aparece un ogro (ya, ya sé que Fernandito sabe que los ogros no existen), como le daba un poco de miedo, decía, el abuelo optó por contárselo jugando con cacharros de cocina.

Por allí desfilaron cucharones, trinchadores, cazos, vasos, espátulas...

Fue una fiesta de aventuras y de magia. Fernandito se lo pasó genial y el abuelo se sintió feliz al saberse, una vez más, el centro de la sonrisa de su nieto.



"El gato con botas" surgió como tantas otras cosas, de casualidad, jugando un día con los cacharros de la cocina.

Todos hemos probado a hacer muñecos con las cucharas. Ahí estaba el reto: en conseguir personajes muy diferentes, perfectamente identificables y que cada uno encarnase a un protagonista de la historia.

El resto, fue fácil: cambios de voces, algo de cuerpo, un par de juegos de magia y ese sentido del humor ingenuo y contagioso que tienen los peques de seis o siete años; ese sentirse mayores sabiéndose pequeños; ese asustarse por todo, sin tener miedo de nada.

Hijos de molinero, gatos, reyes, princesas, ogros, conejos, tomates... ¿Tomates? ¡Claro, a la fuerza esta historia tiene que tener algo de cosecha propia.

20/2/14

A partir de ocho años


JUAN SIN MIEDO

- Papa, ¿tú sabes lo que hay que hacer p'a tener miedo?
- No se dice "p'a tener", se dice "para tener".
- Bueno, pues p'a eso.

¡Buenas noches! Sí, he dicho "buenas noches" y más vale que me contestes porque si no...

Juan no sabe lo que es el miedo. Constantemente le pregunta a su padre acerca de él. El progenitor, harto de tanta insistencia, decide hablar con el sacristán, el bromista del pueblo y especialista en dar "unos sustos... ¡De muerte!"
El fracaso es sonado.
Juan, en busca del miedo, viajará por mundos extraños, dormirá junto a delincuentes ahorcados, y tratará de romper el maleficio que impide que el rey, y su hija, la princesa, puedan vivir en su castillo.
Se enfrentará a tigres feroces que intentarán destrozarle la cara con sus garras.
Luchará contra una momia asesina, enviada al mundo de los vivos para acabar con su vida.
Conocerá a hombres que son, según deseen, uno entero y dos mitades.
Triunfará y se casará, hasta que un día, de la mano de la princesa, su esposa, descubrirá lo que es el miedo.






Juan sin Miedo nació (en 2012) con vocación de "asustar" a los peques de ocho y nueve años. Quería algo que les mantuviese en tensión, que les hiciera pensar en que detrás de un susto viene otro... Y creo que lo conseguí.

Juan sin Miedo nació siendo un poco más barroco de lo que es hoy, Lo adorné con juegos de magia que luego suprimí. No hacían falta, casi ,casi estorbaban.

Juan sin Miedo quedó entonces reducido a la narración, a los juegos de voces, al mimo, al gesto y a las poses... Al susto, al miedo, a la risa...

Y me gusta.
Y les gusta.

EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

Llueve sobre el patio del colegio.

Hace muy poco, el día de su cumpleaños, su abuela le regaló un reloj a Fernandito. No le dejan llevarlo a clase, porque cuando lo tiene en la muñeca no hace más que mirar y mirar la hora y no atiende nada de nada.

Sigue lloviendo. ¡Qué rabia!

Es la hora del recreo y los alumnos no pueden salir al patio: el aguacero que está cayendo es impresionante.

Para ayudar a pasar el rato, Fernandito le sugiere a la profesora que les cuente un cuento. Ella le devuelve la pelota: "¿Por qué no te inventas una historia tú y nos la cuentas? -le suelta de repente, delante de todos sus compas- Pero no vale hacerlo de cualquier forma, tienes que utilizar tu imaginación.

Fernandito se agobia y piensa. Se agobia y se mueve. Se agobia y grita. Se agobia e inventa.

Con unos rollos de celo, unos botes de lapiceros, unas tijeras y mucha imaginación,  nuestro protagonista se "inventa" El Flautista de Hamelín.

Pocas veces se lo ha pasado tan bien durante el recreo. Pocas veces sus compañeros se han reído tanto. Fernandito se vuelve tierno y loco; cariñoso y agresivo; terremoto y enigmático.

Llueve, pero ahora es la alegría lo que moja  por dentro a Fernandito.




"El Flautista de Hamelín" nació allá por el año 2007 como una propuesta de trabajo para profesores de primaria. Se trataba de hacerles ver el cuento desde una perspectiva diferente: trabajando la imaginación, descontextualizando los objetos.

Cumplió su objetivo y a los profes les encantó. Tras ello, había que superar el reto de llevarlo al aula y exponerlo al criterio de su público natural, los peques de segundo ciclo de primaria. Y funcionó. Debió funcionar, porque desde entonces han sido muchas las aulas que han escuchado esta historia y muchos los niños que se han dejado llevar por la locura y el desparpajo de su protagonista.

¡Y que siga siéndolo por muchos años!







EL BRUJO QUETESTRUJO

Tengo 632 años.

Sí, aunque no te lo creas, tengo 632 años. Para demostrártelo, te contaré lo que me ocurrió hace mucho tiempo, en un país muy lejano, en el que, cuando nació una princesa, sufrió la maldición peor que haya existido jamás... ¡Cada vez que cumpliese años, le olerían peor los pies!

Así me enfrenté con el Brujo Quetestrujo, que me arrestó y me escapé; volvió a arrestarme y me fugué de nuevo. Al final, le derroté.



"El Brujo Quetestrujo" es un cuento antiguo, del año 2002. Nació como historia para niños y niñas mayores de 10 años, pero con los tiempos, con la irrupción de internet, con la globalización de los saberes y con la temprana maduración de los niños, he rebajado un poco la edad de sus destinatarios.

Es un cuento nuevo que reúne todos los mitos de las historias populares. Es un cuento con juegos de magia muy ingenuos, pero que atrapan al niño. Es uno de esos cuentos que me han dado satisfacciones y más satisfacciones.


19/2/14

UN GUARDIA CIVIL Y "EL BRUJO QUETESTRUJO"

Durante la campaña escolar de 2013 viajaba por la provincia de Valladolid. Al atravesar un pueblo me dio el alto la Guardia Civil. Tras pedirme la documentación...
  • ¡Control de seguridad ciudadana! Buscamos drogas o armas. ¿Le importa bajar del vehículo y abrir la puerta de atrás?
Salí de la furgoneta e hice lo que me pedían.
Uno de los agentes, me ordenó abrir cajas y baúles, mientras que otro, muy jovencito, me miraba constantemente.
  • ¿A qué se dedica usted?
  • Soy cuentacuentos.
  • ¿Ha contado usted cuentos en el colegio de Peñafiel?
  • Creo que sí, pero hace bastante tiempo.
  • Sí, usted estuvo allí, y nos contó la historia de una princesa a la que le olían mal los pies. Y sacó a una niña para hacer de princesa.
  • Sí, "El brujo Quetestrujo"
  • ¡Ése, ése! Pues yo estaba allí. Y me casé con la Princesa. ¡Ya verá cuando le diga que le he visto!
Tras ello miró al otro agente y le comentó.
  • Le conozco yo, es buena gente.
Y me dejaron continuar viaje sin más demora.

¡Fíjate! Hace un montón de años le conté una historia a un niño de diez u once años, hoy, ya adulto, seguía recordando aquel cuento y seguía acordándose de mí.
Seré cursi, pero no pude evitar sentir un pellizco en el corazón.

El colegio La Villa, de Peñafiel, en una imagen extraída de su página web: http://cralavilla.centros.educa.jcyl.es/sitio/