20/2/14

EL FLAUTISTA DE HAMELÍN

Llueve sobre el patio del colegio.

Hace muy poco, el día de su cumpleaños, su abuela le regaló un reloj a Fernandito. No le dejan llevarlo a clase, porque cuando lo tiene en la muñeca no hace más que mirar y mirar la hora y no atiende nada de nada.

Sigue lloviendo. ¡Qué rabia!

Es la hora del recreo y los alumnos no pueden salir al patio: el aguacero que está cayendo es impresionante.

Para ayudar a pasar el rato, Fernandito le sugiere a la profesora que les cuente un cuento. Ella le devuelve la pelota: "¿Por qué no te inventas una historia tú y nos la cuentas? -le suelta de repente, delante de todos sus compas- Pero no vale hacerlo de cualquier forma, tienes que utilizar tu imaginación.

Fernandito se agobia y piensa. Se agobia y se mueve. Se agobia y grita. Se agobia e inventa.

Con unos rollos de celo, unos botes de lapiceros, unas tijeras y mucha imaginación,  nuestro protagonista se "inventa" El Flautista de Hamelín.

Pocas veces se lo ha pasado tan bien durante el recreo. Pocas veces sus compañeros se han reído tanto. Fernandito se vuelve tierno y loco; cariñoso y agresivo; terremoto y enigmático.

Llueve, pero ahora es la alegría lo que moja  por dentro a Fernandito.




"El Flautista de Hamelín" nació allá por el año 2007 como una propuesta de trabajo para profesores de primaria. Se trataba de hacerles ver el cuento desde una perspectiva diferente: trabajando la imaginación, descontextualizando los objetos.

Cumplió su objetivo y a los profes les encantó. Tras ello, había que superar el reto de llevarlo al aula y exponerlo al criterio de su público natural, los peques de segundo ciclo de primaria. Y funcionó. Debió funcionar, porque desde entonces han sido muchas las aulas que han escuchado esta historia y muchos los niños que se han dejado llevar por la locura y el desparpajo de su protagonista.

¡Y que siga siéndolo por muchos años!







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